[IMAGEN INTERACTIVA] Cómo ha cambiado Pamplona

Adiós Pamplona, por Joseba Asiron

FRENTE MERIDIONAL DE LA PLAZA DEL CASTILLO

En 1918,mientras toda una generación de jóvenes europeos se destrozaba en la fase final de la Primera Guerra Mundial, tiñendo de rojo los campos de Ypres, Amiens, Merkem y Villers-Cotterets, la ciudad de Pamplona mantenía su secular tranquilidad de ciudad periférica y de provincias. La foto, obtenida en las primeras horas de la mañana, muestra la plaza casi desierta. Podemos distinguir las escalericas de San Nicolás y, haciendo esquina, donde hoy se encuentra el estanco de Cristina Viñes, un comercio de nombre Razquin. Tras doblar la esquina, mirando ya a la plaza, se distingue el letrero de la barbería de N. García, y sigue una joyería-relojería, que cubre su fachada con un toldo blanco. A continuación, donde hoy hay un concurrido restaurante italiano, vemos la terraza del Café Suizo, y al fondo el Gran Café Kutz, fundado seis años antes, en 1912, por el donostiarra Luis Kutz y su mujer, Elvira Muñagorri.

Hoy en díaesta zona de la plaza, fotografiada a primera hora de la mañana, conserva el mismo aire solitario que en la foto antigua, y la posición de las sombras denuncia que se ha obtenido prácticamente a la misma hora de entonces, hacia las nueve de la mañana. La zona se conserva perfectamente reconocible, aunque algunas casas han sido recrecidas, y los andamios nos impiden ver con detalle los inmuebles de primer término. Nos comprometemos a repetir la foto una vez hayan concluido las obras de rehabilitación. Por lo demás, son evidentes los cambios en el mobiliario urbano y en los comercios, que en los 100 años transcurridos han cambiado de titularidad. Por cierto que no hemos dicho que, en la foto de hace 100 años, se cumple casi el viejo dicho de que en la plaza siempre podían verse un perro, un cura y un militar. Está el txakurtxo, pero faltan el cura y el militar. Lo más posible es que no se hubieran levantado todavía…

NIÑAS EN EL PATIO DE LAS ESCUELAS DE SAN FRANCISCO

En 1905, lo canónico y lo correcto era que niñas y niños no compartieran ni estudio ni juegos. Se consideraba feo, peligroso, inmoral. Es seguramente por eso que la semana pasada podíamos ver a un grupo de 28 niños en el patio del centro, sin que hubiera ninguna niña. Y hoy, por contra, vemos un numeroso grupo de niñas, sin niños, que parecen estar jugando al corroncho de la patata, un juego que sin duda hoy consideraríamos aburrido, insulso y demodé.

Contamos unas cuarenta mocetas, que han formado un doble círculo para ejecutar el corro. Parece que la presencia del fotógrafo ha concitado cierta curiosidad en la escuela, pues la escalera de acceso al patio se encuentra llena de niñas más pequeñas, mientras que algunos niños miran por la ventana e incluso se sientan en el alféizar para poder salir en la foto. Se distingue también a un hombre tocado con txapela, y a tres maestras situadas bajo la puerta.

Hoy en día sorprende, una vez más, lo poco que ha cambiado la imagen antigua. La puerta ha sido transformada en ventana, y aparte de eso tan solo anotamos la incorporación de tres bancos y una canasta de baloncesto. Triste balance para los 113 años transcurridos. Por eso, debemos felicitarnos de que la vieja reivindicación de cubrir el patio se vaya por fin a cumplir.

En cuanto a las niñas de la foto antigua, nacidas sin duda hacia 1895, es muy posible que hubieran detenido en seco su baile si hubieran sabido la vida que les esperaba. Frisarían la cuarentena al estallar el golpe fascista del 36, y es posible que sus hijos fueran enviados al frente, o que sus hermanos y maridos fueran perseguidos por sus ideas, antes de pasar el resto de su vida sumidas en una opresiva dictadura. Hoy, al menos, tendrían la satisfacción de saber que sus bisnietas pueden estudiar y jugar junto a los niños. Bueno… no en todos los colegios.

NIÑOS EN EL PATIO DE LAS ESCUELAS DE SAN FRANCISCO

En 1908, las Escuelas de San Francisco eran un centro moderno y de referencia, que había sido levantado entre 1902 y 1905 según planos del arquitecto municipal Julián Arteaga. La fotografía, obtenida en las escaleras de acceso al patio del centro, nos muestra a un grupo de 28 muetes, acompañados de su profesor. La práctica totalidad de ellos lleva blusón largo, y al menos 18 de ellos lucen txapela. En la fila superior, a la derecha, cuatro prendas posan cogidos de los hombros, e inmediatamente debajo de ellos un mocete parece haberse puesto un cigarro al morro. Llama la atención así mismo el misérrimo calzado que llevan los niños de la primera fila, básicamente alpargatas rotas y deshilachadas, mal sujetas con cuerdas y cintas. En cuanto al maestro, que parece casi un anciano, parece ser más bien de los bonachones, aunque con aquellos tampoco te podías fiar, pues a la menor te sorprendían con un buen zartako…

Hoy en día, las leyes de protección del menor dificultarían mucho la repetición de una imagen similar a la de 1908, y por ello nos contentaremos con reproducir el escenario, aunque quede un tanto simple, ramplón. Escalera, puerta y hasta el zócalo de piedra nos certifican que estamos en el lugar exacto en que se ubicó el fotógrafo de 1908, y evidentemente no podemos dejar de sorprendernos de lo poco que ha cambiado el lugar en los 110 años transcurridos.

En este sentido, extraña sobremanera que, en todos los años que lleva en funcionamiento esta escuela, y más aún en los últimos tiempos, nunca se haya atendido la demanda de cubrir parcialmente el patio, para que niños y niñas tengan un lugar donde jugar a cubierto en los días de lluvia. El convenio que acaba de firmar el Ayuntamiento de Iruñea con el Gobierno de Navarra dará cumplimiento, por fin, a esta vieja y justa reivindicación. Y es que ya era hora…

ITURRAMA NUEVO (CALLE ATARIANDIA) HACIA 1980

Hacia 1980, el barrio de Iturrama Nuevo era aún uno de esos lugares de la periferia de Pamplona en los que se mezclaba lo nuevo y lo viejo. Lo viejo consistía básicamente en algunas de las antiguas casitas del barrio, unifamiliares en su mayoría y dotadas de huerta. La mayor parte de ellas estaban aún habitadas, pero sus dueños sabían que tenían fecha de caducidad, y que tendrían que abandonarlas pronto. Y lo nuevo eran bloques de gran altura, que poblaban ya las nuevas avenidas, y que parecían amenazar a las diminutas casitas. La foto, amablemente cedida y comentada por dos buenos amigos, Mari Ganuza y Josico García, el huevero del barrio, muestra uno de aquellos rincones, incluyendo la casa del propio Josico. A la vista de fotografías como esta, uno no puede dejar de lamentar que los consistorios de entonces no consideraran la posibilidad de conservar alguna casita, ni siquiera una, como testimonio de lo que fue el barrio.

Hoy en día, el barrio de Iturrama presenta un aspecto bien distinto al de 1980. Como se ha dicho, las viejas casas fueron demolidas y, aunque se comentó la posibilidad de conservar Casa Emeterio, al final todas fueron barridas del mapa, privando a las generaciones futuras de conocer lo que fue el barrio hasta mediados del siglo XX. Una pena.

La zona ha quedado recientemente acabada, con la construcción de las últimas casas y la urbanización de la calle, que ha recibido el nombre de un antiguo topónimo de la zona, Atariandia, que literalmente quiere decir portal grande. Mi amigo Josico el huevero mira con nostalgia la foto antigua, la compara con la nueva, menea la cabeza y se lamenta al ver que donde estuvo su casa hay hoy un supermercado. “Bueno…”, dice resignado, “es curioso comprobar que donde antiguamente se vendían huevos hoy se siguen vendiendo… ¡aunque no como aquellos…!” Y que lo digas Josico, y que lo digas…

VENTA DE ENTRADAS PARA LOS TOROS EN LA PLAZA DEL CASTILLO, 1918

En 1918, las corridas de toros se realizaban en la plaza de toros vieja, que no estaba situada exactamente en el lugar actual, sino unos cuantos metros desplazada hacia la calle Estafeta, y llegaba hasta las traseras del Gayarre, que entonces estaba donde hoy arranca la avenida de Carlos III. Tal vez por eso, el punto de venta de entradas para los toros se encontraba en la Plaza del Castillo, verdadero centro neurálgico de la ciudad.

La preciosa fotografía nos ofrece un buen muestrario de tipos pamploneses. Tan solo vemos a una mujer, a la derecha, vestida con traje largo. En cuanto a ellos, falta totalmente la indumentaria sanferminera. Predominan las ropas oscuras, y tan solo vemos a un mozo con pantalón blanco. Parece generalizado el uso de alpargatas y txapela, y vemos a varios que llevan blusón y pañuelo, de color claro, anudado al cuello. Otros, en cambio, parecen preferir la camisa clara y el chaleco.

Hoy en día,cuando han pasado exactamente 100 años de la obtención de la fotografía antigua, impresiona ver lo poco que ha cambiado el lugar, pudiendo afirmar que, para sacar la foto actual, nos hemos colocado en el punto exacto en el que se ubicó el fotógrafo de 1918. Echamos en falta, eso sí, a los personajes de aquel año, ninguno de los cuales acudirá los próximos Sanfermines a recoger sus entradas, ni aquí ni a ningún otro lugar.

No obstante, es un privilegio para mí poder decir que he conocido muy recientemente a algunas mujeres centenarias que nacieron por aquellos años. Me vienen ahora a la memoria María, María Dolores, Avelina, Genara, Mari Carmen, Guadalupe… las últimas han sido Aurora Torres y María Luisa Goñi, nacidas las dos en 1918, y muy pronto visitaré a una buena amiga, Petra Irigoien, que nació el 31 de enero de 1911, y que por tanto acaba de cumplir 107 años. Un beso enorme a todas ellas…

CALLE DEL CARMEN DESDE EL PORTAL DE FRANCIA, 1930

Hacia 1930, el portal de Francia era el único de los seis portales de las antiguas murallas de Pamplona que se conservaba in situ, toda vez que, con los derribos de las murallas, llevados a cabo a partir de 1915, el resto de las puertas habían sido desmontadas.

Durante la Edad Media, en este punto exacto se había levantado el portal del Abrevador, así llamado por ser la puerta por la que se sacaba el ganado de la ciudad a abrevar. Tras la conquista de Navarra (1512-1530), y ante la necesidad de reforzar y asegurar la recién tomada ciudad, se reforzó muchísimo el cinturón amurallado de Pamplona. Es entonces, en 1553, reinando Carlos I de España y siendo virrey de Navarra Beltrán de la Cueva y Toledo, duque de Alburquerque, cuando se rehace este portal y se le da su aspecto actual. Ante él posa una pareja de jóvenes, que se han colocado junto a las jambas para dejarnos ver la calle del Carmen.

Hoy en día, todo el mundo en Pamplona sabe que este es uno de los elementos de la ciudad que menos alteraciones ha sufrido a lo largo de los tiempos. Se trata de un recio portalón, que deja ver tras él un tramo de la calle del Carmen. Va adornado con un no menos impresionante escudo, que no reproducimos para respetar el plano exacto de la fotografía antigua. Eso sí, sobre el arco puede verse una antigua inscripción, que corrobora los datos que hemos dado antes. Reza así: AÑO 1553 DUCE BELTRANO ALBURQUE(R)QUE PROREGE.

A sus 465 años, el portal de Francia (o de Zumalacárregui) muestra hoy un magnífico aspecto, y tan solo le falta su vieja puerta de madera, hoy perdida. No obstante, en el zaguán del Ayuntamiento, en una vitrina, se exponen las seis llaves con las que los portaleros de la ciudad abrían los portales cada mañana, para cerrarlas al anochecer. Allí puede verlas quien quiera.

ARRANQUE DE CARLOS III, 1934
 

En 1934,tal y como vimos la semana pasada, la embocadura de la nueva avenida de Carlos III estaba siendo objeto de obras de mejora y adecuación, para solucionar la zona afectada por el derribo del Teatro Gayarre, que originariamente se levantaba en este punto. Y ello implicaba el derribo de las casas situadas a la derecha de la imagen. Vemos que el edificio derribado era un caserón de poca altura, que en el momento de obtener la foto está ya siendo vallado para su posterior derribo. Ante él posan un total de siete personas, todos ellos hombres. Uno de ellos, a la izquierda, camina mientras lee uno de aquellos periódicos con formato de sábana de la época. Es muy posible que esté leyendo las noticias sobre la insurrección obrera de Asturias contra la República, provocada por el hambre y la miseria endémica, y que terminaría con una sangrienta y ejemplarizante represión a manos del mismísimo general Franco. Todo un aviso a navegantes…

Hoy en día, la zona permanece reconocible, pero hemos abierto el plano para abarcar la totalidad del edificio y permitir la vista de la plaza del Castillo. Podemos ver que la intención buscada con los derribos de 1934, dignificar el arranque de la avenida, se consiguió de manera evidente, con un inmueble frío y racional muy del gusto de la época. Los arcos de la planta baja prolongan la estética de la plaza del Castillo, mientras que la columnata busca armonizar con la cercana fachada de Diputación. En la actualidad son los jubilados del país los que se “sublevan” contra el empobrecimiento que se les viene encima, pero afortunadamente no hay un Franco que les reprima a tiros. Eso sí, las preocupantes noticias sobre recentralización autonómica, el más que evidente control político de la Justicia y la práctica creciente de la censura dejan ver, bien a las claras, que hay quien echa de menos al pequeño general gallego. Ya está. Ya lo he dicho…

REFORMAS EN LA CASA DEL CRÉDITO NAVARRO, 1934
 

 

En 1934– Pamplona, en fase de expansión urbana, acababa de abrir la Plaza del Castillo, hasta entonces cerrada en sus cuatro frentes, para crear la “Gran Vía de Carlos III”, una gran avenida que equiparara la vieja Iruñea con las más modernas ciudades europeas. Para ello fue necesario desmontar la fachada del teatro Gayarre, que había sido levantada aquí en 1840, y volver a montarla en su actual ubicación. No obstante, la reforma no resolvía bien los remates de los edificios adyacentes, por lo que hubo que ampliar las obras. Así, se construyó la nueva fachada de Diputación hacia Carlos III (1929), y se reformó el edificio del Crédito Navarro, obras que podemos ver en la imagen.

El Crédito Navarro era una institución bancaria creada en 1864, con sede en la calle Estafeta, aunque pronto se trasladó a la Plaza del Castillo, donde poseyó varios edificios. En la parte superior del bloque en obras puede aún leerse el nombre de la citada entidad.

Hoy en día los cambios operados en la zona obligan a abrir el plano y dificultan mucho la obtención de la fotografía desde el mismo punto de vista de 1934. La imagen muestra el mismo rincón de hace 84 años en su actual aspecto, incluidas las obras que se están llevando a cabo en el edificio del antiguo hotel Quintana, en cuyos bajos se instaló más recientemente el conocido barLa Tropicana.

Las obras han sacado a la luz lo que, a falta de confirmación definitiva, parece ser el torreón sureste del castillo construido por Luis I de Navarra en el siglo XIV. Y esto trae consigo dos buenas noticias. La primera, que Iruñea se reencuentra con un elemento importante de su pasado, el castillo más antiguo de la plaza, el que le dio su nombre. Y la segunda noticia es que el expolio arqueológico aquí ocurrido hace ahora 15 años no arrasó la totalidad de los restos de la plaza. Es nuestra responsabilidad recuperarlos y preservarlos de la mejor manera posible.

FRENTE SUR DEL PASEO DE SARASATE, 1952
 


En 1952 – La actualidad local estaba marcada por la inminente visita de Franco a Navarra. El pequeño general gallego entró en Pamplona el 2 de diciembre, y fue aclamado por miles de personas. Fue también recibido por la elite política del tiempo (algunos de ellos futuros “demócratas de toda la vida”), que lo agasajaron con reverencias, genuflexiones, taconazos, golpes de cuello y todo tipo de agasajos. Quien quiera tener mayor noticia de ello puede consultar la hemeroteca de la época, especialmente los ejemplares de Diario de Navarra de aquellos días, porque atestiguan muy bien, en sus editoriales, el amor y el fervor infinito que algunos sentían por aquel Caudillo Invicto.

En otro orden de cosas, la imagen muestra el frente sur del paseo, con la iglesia de San Nicolás hacia la mitad, abundancia de peatones, dos ciclistas y unos pocos coches, auténticas piezas de museo, aparcados sin aperturas.

Hoy en día – El paisaje urbano de 1952 se puede reconocer perfectamente, a pesar de algunos significativos cambios. Puede verse, por ejemplo, que en los 66 años transcurridos da la impresión de que la calzada se hubiera estrechado un tanto, a pesar de que hoy en día lo habitual ha venido siendo que el tráfico fuera en aumento. Puede verse así mismo la proliferación de elementos y mobiliario urbano de todo tipo (papeleras, marquesinas, señales de tráfico, vallas, bolardos), y de manera muy especial se aprecia la renovación y verticalización de los edificios, que especialmente hacia el fondo de la calle han ganado mucha altura. Demasiada, sin duda alguna.

Hoy en día este lateral del paseo afronta un reto importante, el de dar paso a una movilidad del siglo XXI que, como está pasando en todas las ciudades de Europa y del mundo, dé el protagonismo al peatón, al ciclista y al transporte público. Y ya era hora.

‘TIPOS’ PAMPLONESES EN EL PASEO DE SARASATE, 1890
 

 

En 1890 las mayores preocupaciones de la gente, más allá de la de superar las estrecheces económicas, giraban en torno al conflicto cubano, que crecía en fuerza e intensidad. A las pretensiones independentistas de los cubanos, la clase política y los medios afines respondían blandiendo el argumento de la “irrenunciable españolidad de cuba”, pero ello no parecía convencer a los isleños. Más cerca de Pamplona, en Madrid, un veterano político llamado Germán Gamazo trazaba ya sus planes para emprender una política de aniquilación de los fueros de Navarra, intentona que culminaría con la Gamazada de 1893.

La foto de aquel año nos muestra el paseo de Sarasate sin pavimentar, con el Palacio de Navarra al fondo. Vemos que entre la multitud de paseantes predominan los hombres, y entre estos alternan los caballeros con bombín y algunos militares, como el oficial de caballería que vemos en primer término.

Hoy en día ya nadie habla de la “irrenunciable españolidad de Cuba”, aunque ello no es óbice para que la misma clase política española, y parecidos medios afines, sigan diciendo chorradas semejantes. Cambian las caras, pero permanecen invariables los discursos, las actitudes y los errores incomprensibles. Germán Gamazo, en otro orden de cosas, fracasó en su intento por aniquilar lo que quedaba de los Fueros, y para conmemorar aquella Gamazada de 1893 se levantaría el monumento a los Fueros de Navarra, que vemos en la foto actual y que faltaba de manera ostensible en la de 1890.

El pasado mes de enero Adiós Pamplona cumplió 8 años, desde que un domingo 24 de enero de 2010 viera la luz con una foto de la parroquia de San Lorenzo en 1915. Son ya 368 artículos intentando traer hasta aquí retazos congelados de la historia de la vieja Iruñea. Ello y mucho más se merecen nuestros fieles lectores. Ad majorem gloriam, sí señor…

MONUMENTO A LOS CAÍDOS DESDE LA CALLE AOIZ
 

 

En 1962 el límite suroriental de Pamplona se encontraba ubicado en la plaza del Conde de Rodezno, en la que el “Monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada” reinaba, ejerciendo de remate y tapón para la avenida de Carlos III.

La fotografía muestra que por aquel entonces se estaba construyendo la futura parroquia de Cristo Rey. Se erigió al parecer a partir de una estructura metálica de gran porte que, a mitad de obra, se nos muestra semitransparente y deja ver el monumento de detrás, componiendo una curiosa imagen. En primer plano, vemos algunos solares de la calle Aoiz aún sin construir, y hacia la derecha asoma parcialmente la última casa de la calle Olite. La calzada va ocupada tan solo por una bici y un ciclomotor tipo Mobylette, y junto a las aceras se cuentan únicamente tres coches: un Seat 600, un Renault Dauphine y una furgoneta Citroën 2 CV, que no han tenido ningún problema para aparcar.

Hoy en día, el paisaje urbano retratado ha cambiado tanto que parece que no fuera el mismo, y tan solo algunos elementos como la última casa de la calle Olite, que asoma por la derecha, permiten identificar ambas fotografías. Hacia la izquierda, podemos ver que el solar vacío de 1962 se corresponde hoy con el edificio de la delegación territorial de Televisión Española en Navarra, y toda la parte central de la foto va ocupada por la parroquia de Cristo Rey, en su estado final. Por encima de ella, al igual que ocurría en 1962, vemos asomar la linterna de la cúpula del Monumento a los Caídos.

En cuanto al tráfico, hay que reconocer que se ha apoderado de la zona. En la calzada vemos una moto, al igual que ocurría hace 56 años, aunque faltan ostensiblemente las bicis, y aparcar es una auténtica odisea en algunas horas, hazaña que ni siquiera aparcamientos subterráneos como el de la foto consiguen aminorar.

PLAZA DE MERINDADES, 1980

 

En 1980, la plaza de Merindades era una de esas rótulas urbanísticas que articulaban el tráfico rodado en el Segundo Ensanche pamplonés. Se situaba en el cruce de dos grandes arterias, como son la avenida de Carlos III, que Serapio Esparza concibiera como Gran Vía de su proyecto de ensanche, y la avenida de Baja Navarra (antigua avenida de Franco), que era una suerte de Diagonal, inspirada en la calle que en Barcelona ostenta dicho nombre. La fotografía muestra la plaza en un día de labor, y vemos que el antiguo garaje de Renault Unsain está a pleno funcionamiento, con al menos dos vehículos, un R-12 y un R-5 en su interior, a la espera de ser atendidos o reparados. Hacia la derecha vislumbramos la avenida de Carlos III, aún abierta al tráfico rodado, y hacia la izquierda adivinamos la avenida de Baja Navarra, con la torre de la iglesia de San Francisco Javier al fondo.

Hoy en día, el paisaje de 1980 se presenta claramente reconocible, a pesar de los evidentes cambios experimentados. Peatonalizado Carlos III y desaparecido el garaje de Unsain, el edificio que lo albergaba, la propia rotonda y la torre de San Francisco que vemos en el extremo izquierdo certifican la exacta correspondencia de ambas fotografías. En otro orden de cosas, diremos que las merindades eran las unidades administrativas en las que se dividía el reino independiente de Navarra. Surgieron tras la conquista castellana de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava en 1200, y en principio figuraron las de Pamplona, Tudela, Baja Navarra, Estella y Sangüesa, creadas por Teobaldo II, a las que en 1407 se unió la de Olite. Todas ellas forman hoy parte irrenunciable de Navarra, incluida esa Baja Navarra del otro lado de los Pirineos, de la que el navarrismo se olvida con demasiada frecuencia.

ARRANQUE DE LA CALLE CONDE OLIVETO
 

 

En 1975,la calle Conde Oliveto, destinada a ser una de las arterias importantes del Segundo Ensanche, presentaba sin embargo en su arranque un gran punto negro sin resolver, un solar vacío que era utilizado como parking de manera eternamente “provisional”. Vemos además que, al tiempo de obtener la fotografía, se habían instalado en él vallas publicitarias de corte veraniego, entre las que podemos distinguir un anuncio de Fanta y otro de ropa Lois Happy.

En otro orden de cosas, diremos que la calle va dedicada a la figura del roncalés Pedro Bereterra, conde de Oliveto (1460-1528). Este pastor de Garde, que se hacía llamar Pedro Navarro porque los italianos no sabían pronunciar su apellido euskaldun, marchó a Italia siendo niño aún, en busca de aventuras, y partiendo de la nada llegó a ser lugarteniente del Gran Capitán y capitán de galeones corsarios en la propia Italia y en el norte de África. Todo un figura, vaya.

Hoy en día,la calle presenta un aspecto perfectamente ordenado y resuelto, con la plaza de la Paz en primer término y el edificio de Osasunbidea ocupando el solar vacío de 1975. Enfrente distinguimos Geltoki, la vieja Estación de Autobuses, que hay quien quiso derribar, pero que el gobierno municipal de cambio pretende rehabilitar para convertirla en un referente de la cultura y la economía social. Muy bien pensado, sí señor.

En cuanto al conde Oliveto, qué les voy a decir, la cosa no terminó muy bien para él, pues se convirtió en víctima colateral de la conquista de Navarra, su país. Con tal motivo reclutó un ejército de navarros, vascos del norte y bearneses, a los que adiestró y con los que marchó a Italia a luchar contra los españoles, tomándoles ciudades como Novara, Pavía, Milán y Brescia. Tras muchas aventuras cayó prisionero y murió asesinado en prisión por orden de Carlos I de España que, este sí, era todo un pajarraco.

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