[IMAGEN INTERACTIVA] Cómo ha cambiado Pamplona

Adiós Pamplona, por Joseba Asiron


Jura de bandera en la Plaza del Castillo, 10 de marzo de 1918

EN 1918, la realización del servicio militar obligatorio no era cosa de broma. Por aquellos días media Europa destrozaba a la otra media en lo que terminaría por llamarse Primera Guerra Mundial, y aunque España permanecía neutral en aquel tiempo, no era seguro lo que pudiera pasar a futuro. Por otro lado, la mili tenía en aquella época una duración de 3 años, y era un terrible e interminable secuestro legal a cargo del Estado, en el transcurso del cual podían ocurrirte muchas cosas, casi todas malas. La fotografía muestra un momento de la jura de bandera, ceremonia por la cual los reclutas novatos pasaban a ser considerados soldados propiamente dichos. En una escenografía muy evidente, los jovencísimos reclutas que vemos a la izquierda besan la bandera en presencia de un religioso y un mando militar, mientras que a la derecha forman los soldados veteranos que, según se suponía, tenían que servir como modelo a los novatos.

HOY EN DÍA, la zona de la plaza donde se obtuvo la fotografía de 1918 permanece perfectamente reconocible, aunque afortunadamente este tipo de actos están ya desterrados del ceremonial urbano de Iruñea. Mejor así. El domingo pasado se cumplieron 101 años de aquella jura de bandera, y el acto viene descrito en la prensa del día siguiente, lunes 11 de marzo de 1918. Así sabemos que aquel domingo hizo un día espléndido, y que para las 11 de la mañana ya estaban las tropas formadas en la plaza. Al acto asistió el mismísimo obispo, que presidió la misa, y en la calle formaban incluso los niños de las Escuelas Municipales, para que fueran tomando nota, se supone… Remató el acto un desfile presidido por el “bizarro general” (sic) Alfonso Gómez, que terminó con los soldaditos en los cuarteles, “donde se les obsequió con un rancho extraordinario”. Este era el ambiente en la Iruñea de 1918. Hasta aquí llega el olor a naftalina, oigan…


Calle (camino) de Errotazar, 1967

EN 1967, los periódicos traían en sus portadas inquietantes noticias sobre la denominada Guerra Fría. Concretamente el día en el que esta foto fue obtenida, el 8 de febrero de 1967, se informaba profusamente de la denominada Tregua del Año Lunar declarada en Vietnam, mientras que se daba cuenta también de que en China miles de manifestantes estaban asediando la embajada soviética. El Pensamiento Navarro, en su portada, informaba además del enésimo triunfo del boxeador Cassius Clay, que acababa de fulminar a Ernie Terrell, y de que en Tolosa un toro ensogado había entrado en una droguería, atravesándola hasta salir por la puerta trasera. Un desastre, vaya.

La foto de aquel día nos muestra una calle Errotazar (entonces aún llamada camino de Errotazar) todavía sin urbanizar. Vemos hacia el centro las rampas de acceso al convento de San Pedro y al fondo la Rochapea, bajo la silueta del monte Ezkaba-San Cristóbal.

HOY EN DÍA, el camino de Errotazar tiene categoría de calle, otorgada en 1931, y su fisonomía ha cambiado muchísimo. Eso sí, podemos ver aún las rampas de acceso al monasterio de San Pedro, que junto al perfil del monte Ezkaba-San Cristóbal certifican la exacta correspondencia de ambas fotografías.

En cuanto a las noticias de 1967, la tregua iniciada entonces en la guerra de Vietnam no tuvo mucho recorrido, y el conflicto se prolongó 8 años más, hasta 1975. Chinos y soviéticos prosiguieron con sus algaradas, aunque la sangre no llegó al río, y Cassius Clay consiguió alargar su brillante trayectoria algunos años más. Por cierto que, según cuentan, Clay, que por entonces se hacía llamar ya Muhammad Ali, estaba muy enfadado porque Ernie Terrell persistía en llamarle “por su nombre de esclavo”, y durante los 15 asaltos del combate estuvo espetándole “¿cómo me llamo?”, mientras le atizaba de lo lindo. Vaya desfase…


El viático en la calle Descalzos, 1925

EN 1925, y concretamente en la fecha en que se obtuvo la fotografía, el 21 de abril, la prensa local destacaba con grandes titulares la reciente concesión del capelo cardenalicio al pamplonés Eustaquio Ilundain Esteban, futuro Cardenal Ilundain, que se había producido el 30 de marzo y que por aquellos días se hacía efectiva. La fotografía muestra una escena relativamente frecuente en la Pamplona de la época, la del viático recorriendo las calles. El viático era una suerte de procesión que marchaba desde las parroquias hasta las casas de los moribundos, al objeto de administrarles la última comunión. En la imagen vemos a varias personas que portan hachas (grandes velas), y al sacerdote encargado de administrar el sacramento, en el momento de salir del portal del enfermo. Dos monaguillos han salido antes del portal, y toman ya camino a la parroquia de San Lorenzo, sorprendiéndose por la presencia del fotógrafo.

HOY EN DÍA, los viáticos ya no recorren las calles de Pamplona, y la vista de aquellas escenas resulta un tanto extraña desde la perspectiva actual. Todo ello pone en valor, más aún si cabe, el trabajo de fotógrafos como Galle, puesto que documentan usos y costumbres perdidas o a punto de perderse. Respecto al paisaje urbano de 1925, podemos ver al fondo la fuente de Descalzos, que certifica la exacta correspondencia entre ambas imágenes. Esta fuente había sido instalada en 1856 en la plazuela situada en la trasera del Ayuntamiento, pero en 1877 se trasladó a este lugar, donde aún permanece. En otro orden de cosas, si el difunto de 1925 se levantara de su tumba y quisiera volver a su casa, se encontraría que ya no existe. En su lugar se ubicó una infraestructura de gran éxito hoy en día, el ascensor de Descalzos. Eso sí, es una pena que este se instalara en un edificio extemporáneo, que chirría de forma evidente con el entorno.


Convento de las Adoratrices, 1904


EN 1904. El convento de las Adoratrices de Pamplona estaba de enhorabuena, puesto que importantes reformas se habían llevado a cabo en su interior, incluyendo la construcción de una nueva capilla en estilo neogótico. El edificio había sido construido bastante antes, en 1846, obra de Serafín Villanueva, y fue residencia de la pamplonesa familia Corti. En 1877, la orden de las Madres Adoratrices llegaba a Pamplona, y tras instalarse durante breve tiempo en un edificio de la calle Redín, el 13 de junio de aquel mismo año se trasladaban a este caserón, donde abrieron una residencia para albergar a lo que entonces solía llamarse “mujeres descarriadas”. La fotografía de 1904 muestra la situación en la que se encontraba el edificio por aquel entonces, y puede comprobarse que tenía aún el aspecto adusto y cerrado de un convento. Ante él posa una mujer que lleva un bolso o cesta, y tres niñas vestidas con batas de uniforme.

HOY EN DÍA, el paisaje urbano de 1904 y el propio edificio permanecen perfectamente reconocibles, a pesar de que las cosas han cambiado bastante en su interior. Hace pocos años que el viejo caserón de los Corti, convertido luego en convento, fue enteramente transformado para albergar un moderno hotel. Como puede verse, la fachada se rasgó en su planta baja para albergar una suerte de elegante pórtico o loggia, dejando tan solo algunos machones en piedra a modo de pilares. En el interior, la capilla neogótica se transformó en restaurante, y con su color blanco inmaculado parece que en cualquier momento fuera a aparecer Morgan Freeman a desayunar, interpretando al mismísimo Jaungoikoa. Una preciosidad. Y es que lo aquí realizado demuestra que la instalación de nuevas dotaciones e infraestructuras en el casco histórico no tiene por qué suponer el derribo de lo precedente ni terminar con edificios extemporáneos y estridentes.


Arco del Triunfo en la calle Chapitela, 1902

EN 1902- Los pilares de la sencilla y monótona vida social de Pamplona se sacudían por un hecho de gran trascendencia: el nuevo rey Alfonso XIII llegaba de visita a la ciudad. Había sido coronado el 17 de mayo, nada más cumplir los 16 años, y en agosto giraba una visita por las siempre revoltosas ciudades del norte, para recabar el fervor popular con la imagen de un nuevo y joven rey.

La foto muestra la embocadura de la calle Chapitela desde la plaza del Castillo. En el lugar se ha erigido un arco triunfal, y ante él posa un niño bien, vestido de marinero. Inmediatamente detrás, donde estuvo la paragüería de Archanco, vemos a dos hombres conversando, uno de ellos vestido con chaleco, y dos hombres de traje oscuro que acaban de cruzarse. Apoyado en el arco un mocete, vestido con blusa proletaria y txapela, mira al fotógrafo a prudente distancia. Y es que, en aquella época, las bofetadas llovían por cualquier motivo…

HOY EN DÍA- La misma zona fotografiada en 1902 permanece perfectamente reconocible, con la evidente diferencia de la falta del arco triunfal. Estos mamotretos, construidos generalmente en madera pintada, solían levantarse para celebrar grandes acontecimientos. En el caso de Pamplona, hemos visto arquitecturas efímeras de este tipo dedicadas a reyes y reinas, así como a uno de sus más ilustres hijos, el violinista Pablo Sarasate.

En cuanto a la visita del joven rey en 1902, sabemos que se alojó en el hotel La Perla, que vemos parcialmente a la derecha de la foto, pero no trajo durante su vida muchas más alegrías a esta tierra. Embarcó al país en una guerra en África, que la gente ni entendía ni compartía, y que sumió al país en la miseria. Aceptó sin pestañear la dictadura de Primo de Rivera, y en 1931 el pueblo ciudadano lo mandó al rincón de pensar, tras unas elecciones que trajeron consigo el advenimiento de la República.


Fachada de la Casa Consistorial en obras, 1952

EN 1952, la clase política del Movimiento estaba furiosa contra de los EEUU, y la prensa del Régimen zurraba de lo lindo al presidente Harry S. Truman el 10 de febrero por haber puesto en duda el respeto que en la España de Franco se tenía hacia algunas libertades elementales, como eran la libertad religiosa y la de expresión. Diario de Navarra, en concreto, repartía buena parte de su primera página entre dicha polémica y otra noticia de alcance interestelar: la publicación de la Santa Bula de Cruzada a cargo de los “clarines y los juglares” (sic) del Ayuntamiento.

La foto de aquel año muestra las obras que se estaban realizando en el Ayuntamiento. Vemos la fachada diseñada por José Zay Lorda en 1752, que era la única parte del edificio que no iba a ser derribada con motivo de las reformas. Ante ella se ve a un policía municipal, a siete hombres vestidos con gabardinas largas y a dos mujeres jóvenes con trajes oscuros.

HOY EN DÍA, la Casa Consistorial continúa tal y como se reedificó en las obras de 1952, y lo cierto es que hoy en día acusa ya los mismos achaques y las mismas estrecheces que llevaron a su total reforma hace tan solo 67 años. En otro orden de cosas, y si lanzamos una rápida mirada a la plaza, vemos que la casa de la derecha sigue prácticamente igual, con sus elegantes miradores de madera, pero en cambio podemos apreciar que hacia el fondo se ha derribado un bloque de casas de las de 1952, para abrir en su lugar la actual plaza de los Burgos.


Obras en la Plaza del Castillo, 1958

EN 1958,el día 3 de febrero cayó en domingo, al igual que hoy, y la prensa recogía la noticia de la festividad de San Blas, en la que se habían vendido numerosos roscos, “rosquillas nevadas”, dulces y “tortas de chanchigor”, y se dejaba caer que Osasuna le había endosado 5 golazos al Oviedo. Olé. Se relataba también la toma de posesión del nuevo alcalde de Iruñea, Miguel Javier Urmeneta, que accedía al cargo por fallecimiento del anterior, Javier Pueyo. Y no se escatimaban elogios hacia el difunto, al que se calificaba, entre otras muchas cosas, como “hombre del Movimiento”. Corría el año 1958, qué quieren ustedes… La foto de aquel año recoge una imagen de la plaza del Castillo desde las proximidades de la calle Chapitela. Se pueden ver las sillas de alguna terraza que, a buen seguro, no gozaría de mucha afluencia aquellos días, debido a las obras de reforma del pavimento, que dejaban la plaza prácticamente intransitable.

HOY EN DÍA,la zona fotografiada en 1958 permanece perfectamente reconocible, a pesar de que en los 61 años transcurridos la plaza ha sufrido obras y reformas importantes… y no siempre acertadas. Dejémoslo ahí. Por cierto que, entre los asistentes a la ceremonia de toma de posesión del alcalde Urmeneta en 1958, figura Manuel Asirón Irigaray, que era hermano de mi abuelo, y que por aquellos años fue también concejal en Pamplona. No puedo dejar de preguntarme qué hubiera pensado si le hubieran dicho que, unas décadas después, la alcaldía de la ciudad iba a estar ocupada por un sobrino-nieto suyo perteneciente a Bildu… (pueden poner aquí ustedes el emoticono que prefieran). En otro orden de cosas, diremos que también hoy se celebrará San Blas, sin duda con la misma animación que en 1958, y que también jugará Osasuna un trascendental partido, contra el Granada. Un 5-0 no estaría mal, pero tampoco haríamos ascos a un 1-0… ¿no?

Cruce de Paulino Caballero con Baja Navarra, hacia 1935

HACIA 1935, la actual avenida de la Baja Navarra llevaba el nombre de Fermín Galán y Ángel García Hernández, dos militares republicanos de la guarnición de Jaca que protagonizaron una sublevación en contra de la monarquía el 12 de diciembre de 1931. El motín fracasó y ambos fueron fusilados, de forma inmediata, el 14 de diciembre. La foto muestra la avenida en primerísimo plano, en el punto en el que se cruza con la calle de Paulino Caballero. Un niño se ha acercado por curiosidad hasta el centro de la calzada para ver las evoluciones del fotógrafo. Detrás vemos la calle en perspectiva, que en este tramo se iniciaba con dos casas en chaflán. La de la izquierda albergaba un garaje cuyo letrero puede aún adivinarse, mientras que en la derecha se encontraba la panadería de Equiza, que no sale por muy poco en el plano. Al fondo, cerrando la perspectiva, se ve la iglesia de San Ignacio y el pino de Diputación.

HOY EN DÍAeste punto se ha convertido en un lugar con muchísimo tráfico, de suerte que el fotógrafo debe esperar paciente a que pasen los coches, y la maniobra de aproximación del niño de 1935 adquiriría hoy tintes dramáticos. Podemos comprobar que la mayoría de los edificios han sido sustituidos, y por ello debemos felicitarnos de que la primera casa de la izquierda haya sobrevivido a los 84 años transcurridos. También está en su sitio el pino” de Diputación, cuya copa vemos asomar al fondo. En cuanto a la avenida de Galán y García Hernández, sorprende comprobar cuántas veces ha cambiado de nombre. Entre 1923 y 1927 llevó el título de avenida de Francia, y posteriormente se llamó de Alfonso XII. Durante la República se dedicó a los dos militares fusilados, y entre 1936 y 1979 llevó el nombre del General Franco. Hoy, felizmente, va dedicada a nuestra irrenunciable Sexta Merindad. Por muchos años…

Calle Aralar, 1934

EN 1934,el tramo inicial de la calle Aralar iba ocupado por una serie de casitas bajas, edificadas según el estilo del país, que estaban ocupadas por diversas instalaciones municipales: el Parque de Desinfección, la Perrera Municipal y el Garaje de Carruajes Municipales, cuyo letrero se alcanza a ver en primer término, y que era en realidad el lugar donde se custodiaban los coches mortuorios. Estas casitas, levantadas en el año 1922, serían demolidas en 1958 para construir, en ese mismo lugar, el Parque de Bomberos, que nuestros más veteranos lectores recordarán perfectamente.

La fotografía permite ver la calle en perspectiva, con la tapia que da a las instalaciones de la plaza de toros a la izquierda.

Al fondo puede adivinarse la barandilla que se asoma a la Cuesta de Labrit, con las casitas de dicha calle al fondo y las torres de la catedral asomando descollantes por encima.

HOY EN DÍA,la zona permanece reconocible merced a la tapia de la izquierda, que da a los toriles y al patio de caballos de la plaza de toros. Al fondo podemos ver que las casas de la cuesta de Labrit han sido notablemente recrecidas, y los árboles nos impiden ver las torres de la catedral asomando por encima.

En cuanto al Parque de Bomberos levantado en 1958 en el lugar donde estuvieron las casitas municipales, fue a su vez derribado en el año 2010, y hoy va ocupado por un jardín. Fue precisamente en dicho lugar donde, en los años de las obras faraónicas y los grandes fastos pre-crisis, los gobiernos municipales de UPN quisieron situar la enésima versión de su Museo de los Sanfermines. Todo aquel gigantesco despropósito tan solo serviría para despilfarrar, según diversas fuentes, 6,3 millones de euros. Más de 6 millones a la basura, en una ciudad cuyo presupuesto ronda los 200. ¡Qué bien nos vendrían ahora…!

Calle de la Dormitalería, 1931

EN 1931, las aguas políticas bajaban revueltas, puesto que el día 14 de febrero había dimitido el general Dámaso Berenguer como jefe del Gobierno, dando paso a las elecciones y al consiguiente advenimiento de la República, el 14 de abril. En otro orden de cosas, aquel mismo año, el 22 de enero, se había inaugurado el servicio telefónico en España, todo un avance, aunque tampoco era como para sacar pecho, puesto que tan solo un mes después, el 12 de febrero, se produciría en Japón la primera retransmisión televisiva de un evento deportivo, concretamente un partido de béisbol. En aquella época la de Dormitalería era una calle algo “periférica” del caso urbano de la ciudad, a pesar de encontrarse en el corazón mismo de la vieja Pompaelo. Tenía un perfil algo irregular en su trazado, como puede apreciarse, y la mayoría de las casas, que conservaban cierto aire arcaico y rural, tenían dos o tres alturas a lo sumo.

HOY EN DÍA- La calle de la Dormitalería sigue conservando algo de aquel aire periférico y proletario dentro del casco antiguo de la ciudad. Su nombre, registrado por primera vez en fecha ya tardía, concretamente en 1802, provenía del dormitalero, que era el canónigo encargado de cerrar las puertas de las dependencias catedralicias, y cuya casa se encontraba en el número 5 de la calle.

Comparando ambas fotografías puede apreciarse que las casitas de la acera derecha han desaparecido, dando lugar a dependencias eclesiásticas construidas en un estilo algo extemporáneo. Las de la izquierda se conservan más o menos, aunque han sido profundamente renovadas y han ganado altura. A modo de balance, podemos concluir que, con la modernización de sus inmuebles, la calle resulta más fría y con menos vida, y que ha perdido aquel aire arcaico y rural. Para semejante viaje no hacían falta alforjas… ¿no?

El tranvía pasando ante Diputación, 1915


EN 1915- La actualidad internacional de finales de año estaba marcada por la marcha de la Primera Guerra Mundial. El periódico del día 23 de diciembre señalaba, concretamente, que los británicos iniciaban algunos repliegues en Galípoli, en el frente turco, por supuesto sin admitir derrota alguna, y que un buque francés había sido torpedeado por dos submarinos alemanes cerca de Tortosa. En un ámbito más local, se informaba de que la lotería había pasado de largo en Iruñea, aunque en Fitero habían caído 90.000 pesetas. Un pastón.

La fotografía de aquel año recoge la fachada del Palacio de Navarra, entonces llamado de Diputación, en el momento en el que el tranvía pasa ante él y entra en la Plaza del Castillo. Un hombre flaco y con txapela invade el plano en el momento de la foto, causando seguramente el disgusto del fotógrafo, y quedando automáticamente inmortalizado.

HOY EN DÍA- El paisaje urbano de 1915 se conserva inamovible en lo esencial, y son aspectos como los elementos de urbanización y el mobiliario público los que marcan la diferencia y los 103 años transcurridos entre ambas fotografías. Vemos en su sitio tanto casa Baleztena como el palacio de Navarra, que en la actualidad es objeto de algunas obras de reforma, y por el hueco situado entre ambos edificios adivinamos la Plaza del Castillo y el hotel La Perla. En el lugar por donde en 1915 transitaba el tranvía se ven hoy unos pocos coches aparcados.

Automóvil en la Plaza del Castillo, hacia 1920

EN 1920 ver un automóvil en la Plaza del Castillo no era algo raro, de hecho circulaban vehículos por Iruñea desde principios de siglo, pero ello no quiere decir que disfrutar de uno de ellos fuera lo más habitual. De ahí, seguramente, el interés del fotógrafo por la instantánea que hoy reproducimos.

La imagen, obtenida en un día soleado, muestra un vehículo aparcado en el costado sur de la plaza, probablemente ante el antiguo teatro Gayarre que, como bien saben nuestros lectores, en su momento se levantó en este punto. Una señora encopetada, sin duda perteneciente a la élite económica local, sube al coche asistida por un hombre de uniforme, probablemente el propio conductor. La fotografía tiene un toque de espontánea fugacidad, incrementada por los personajes que invaden el plano, especialmente una señora con paraguas (o sombrilla) cuya silueta vemos a la izquierda, y un joven tocado con gorra que entra desde la derecha.

HOY EN DÍA tan solo una observación minuciosa permite identificar la zona fotografiada en 1920. La imagen antigua no mostraba muchos detalles apreciables, y además algunas casas han experimentado transformaciones profundas en el siglo transcurrido.

En otro orden de cosas diremos que, salvo los de carga y descarga o los de limpieza, no es frecuente ver vehículos en la plaza, aunque ello no suponga una satisfacción completa. Y es que hace ya casi dos décadas el gobierno municipal de UPN ordenó destripar el subsuelo de la plaza, expoliando y arrasando totalmente su patrimonio arqueológico, para inyectarle luego un relleno de hormigón. El objetivo no era otro que construir un aparcamiento en el corazón mismo de la ciudad, algo que chocaba frontalmente con lo que se estaba llevando a cabo en toda Europa, y que comprometería la peatonalización del centro durante generaciones. Un desastre que nunca podremos olvidar.

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