[IMAGEN INTERACTIVA] Cómo ha cambiado Pamplona

Adiós Pamplona, por Joseba Asiron


Escuelas de San Francisco, 1913

EN 1913, la sociedad de Pamplona, poco acostumbrada a los sobresaltos, se encontraba absolutamente estremecida por la catastrófica inundación acaecida el 2 de junio en Baztan. Las noticias llegaban entonces con cuentagotas y sin contraste de ningún tipo pero, según se iba sabiendo, una de las regatas que bajan del monte se había transformado en una gigantesca ola de 5 metros de alto y 14 de ancho, que había arrasado casi totalmente Elizondo y Erratzu, afectando también a otras localidades. La prensa de los días sucesivos hablaba de dos mujeres y un niño muertos, arrastrados por el agua, y de docenas de familias que habían quedado en la miseria más absoluta, habiendo perdido sus casas, huertos y ganados. Un desastre, vaya. La foto nos muestra la plaza de San Francisco, creada dos años antes, vista desde el primer piso del Grand Hotel, y deja ver la zona con su nueva urbanización y sus arbolitos y parterres recién plantados.

HOY EN DÍA, la plaza no muestra cambios importantes y permanece perfectamente reconocible. Vemos que las rampas del edificio se han sustituido por escaleras, y que la decoración del mismo se ha simplificado en alguna de sus reformas, eliminando todas las cresterías salvo la del reloj. Una pena, porque estos elementos son importantes en la concepción de un edificio ecléctico y con resabios clasicistas como este. En cuanto a la inundación de 1913, la prensa de la época no terminó de cuadrar el relato hasta una semana más tarde, poliki-poliki y, a buen seguro, con abundante censura. Hoy sabemos que murieron dos mujeres, Juana Elicegui y Joaquina Larumbe, aunque todo hace pensar que el niño que algunos vieron ser arrastrado por el río consiguió finalmente salir a flote, nunca mejor dicho. Eso sí, las cicatrices de aquel suceso quedaron para siempre grabadas en los propios pueblos y en la memoria colectiva de las gentes de Baztan.


Plaza de San Francisco, 1911


EN 1911, la opinión pública pamplonesa sesteaba entre cotilleos y trivialidades. Tal día como hoy (2 de junio) la prensa local daba cuenta de oficios religiosos, algún partido de pelota, necrológicas y ecos de sociedad absolutamente intrascendentes. Tal vez las notas más preocupantes eran las que llegaban de África, en las que bajo el titular de “Lo de Marruecos”, se hablaba de un tiroteo montado en el zoco de Alhucemas. Al parecer, “un moro llamado Sansón”, del que por toda seña se dice que era “amigo de España”, había matado a tiros a otro que al parecer no lo era tanto, hiriendo a dos más, y siendo finalmente apresado por los familiares del muerto, “que gozaban de gran prestigio”.

La fotografía de aquel año nos muestra la plaza de San Francisco, recién creada tras el derribo de la Audiencia Provincial y la cárcel que ocupaban el solar. Vemos la zona muy someramente urbanizada y con los arbolitos recién plantados.

HOY EN DÍA, el paisaje urbano de 1911 permanece perfectamente reconocible, a pesar de los evidentes cambios operados y de los 108 años transcurridos. Vemos en su sitio la alta casa que marcaba la entrada a la calle Eslava, que conserva su caja de escaleras con chapitel acristalado, aunque constatamos que el resto de casitas de 1911, un tanto desvencijadas, han desaparecido en su totalidad. En su lugar se han construido un grupito de inmuebles de indudable encanto, con fachadas ricamente estucadas y con miradores de madera.


Estación del Norte, 1888

EN 1888- Pamplona contaba con una estación de tren inaugurada tan solo 18 años antes, en 1860. Se encontraba situada fuera del casco urbano, junto a la carretera que conducía a los valles septentrionales de Navarra y a Guipúzcoa. El hecho de que el centro urbano de Iruñea se sitúe sobre una meseta dificultaba mucho la llegada del ferrocarril al centro, razón por la que hubo de construirse extramuros.

Durante la Segunda Guerra Carlista (1872-1876) se produjo un hecho curioso cuando, aprovechando la noche, los carlistas robaron dos trenes del Gobierno. Uno de ellos fue arrastrado por 20 yuntas de bueyes y el otro, como no quedaban más bueyes, lo sacaron los propios carlistas empujando, mientras desde Pamplona el ejército los batía a cañonazos. No sé a vosotros, pero a mí me parece que, conociendo al personal, esta aventura tuvo que fraguarse tomando vinos y cruzando una apuesta… ¿a que sí…?

HOY EN DÍA, la estación del Norte no se encuentra ya fuera de la ciudad, sino que se ubica en el centro de un conglomerado de barrios nuevos y en expansión que la rodean por todas partes. Antes de llegar a la estación, además, los trenes rodean la meseta, trazando una muralla que aísla al centro de los barrios y crea muchos problemas de comunicación a la gente. La eliminación de este “bucle” ferroviario es una vieja reivindicación de Pamplona que el Estado, que es quien ostenta las competencias en esta materia, tendrá algún día que resolver. Ya va siendo hora.


Muralla de Tejería, 1918

EN 1918- La prensa local daba amplia cobertura a la Primera Guerra Mundial, y no escatimaba elogios hacia los éxitos alemanes. Concretamente el 8 de agosto de 1918, día en el que se obtuvo esta fotografía, aseguraba que los zeppelines alemanes acechaban la costa inglesa, mientras que en Rusia, las autoridades alemanas retenían en su poder a la zarina y a sus hijos Nicolás y Miguel en el castillo de Harrar, en Crimea. La información local, mucho más aburrida, informaba de los conciertos que se iban a celebrar en la Taconera, y de las medidas que se iban a tomar para que el público no invadiera el espacio de los músicos, es decir el “sexteto del señor Felipe”, como al parecer había ocurrido el domingo anterior. La imagen muestra la zona de Tejería aquel día de verano. El terraplén interior de la muralla está invadido por una turba de mocetes, sobre todo chicas, que han detenido sus juegos para observar al fotógrafo.

HOY EN DÍA- La zona ha cambiado hasta el punto de resultar irreconocible. El derribo de las murallas de Tejería comenzó aquel mismo verano de 1918, y para octubre de 1922 ya no quedaba ni rastro de ellas. En cuanto a la vieja plaza de toros, que en la fotografía antigua veíamos al final de la calle, ardió como una tea en agosto de 1921, tres años después de obtenerse la imagen, y mientras se derribaba se levantó la actual, un centenar de metros hacia la izquierda. Y es que hubo de construirse en otro lugar, para que diera tiempo de terminarla para los Sanfermines de 1922.

En la actualidad la zona de la muralla de Tejería está englobada dentro de la cuesta de Labrit, y es básicamente un aparcamiento de coches. Las antiguas casas, que en 1918 tenían hacia este lado sus traseras, han abierto portales y comercios en sus bajos, pero uno no puede dejar de pensar que una zona como está debería ser objeto de una cuidadosa rehabilitación.


Frontón Labrit en la cuesta de Labrit, 1936

EN 1936, la calle de Juan de Labrit, que era como el pueblo soberano llamaba al rey de Navarra Juan III de Albret, era un espacio amplio creado tras el derribo de las murallas de la Tejería, que se había producido dos décadas antes. Vemos que contaba con dos viales en los laterales, más una zona ajardinada en su centro, y vemos también que conservaba aún un machón de muralla en uno de los extremos. En esta zona era frecuente que acamparan los gitanos pamploneses, que aprovechaban los restos de la muralla para jugar a pelota, a la que eran, y son, muy aficionados. De ahí el nombre de Jito-Alai, que con cariñosa ironía se le daba a dicha zona. La calle había recibido su nombre en 1923 y, sin desmerecer los méritos del rey consorte Juan III, sorprende un tanto que no se dedicara antes a su esposa, la reina Catalina de Foix, Catalina III de Navarra, que era la depositaria de los derechos dinásticos del viejo reino de Navarra a fines del siglo XV.

HOY EN DÍA, la zona ha sufrido una intensa transformación, pero la posición de la barandilla certifica de forma inequívoca que nos encontramos en el punto exacto en el que se situó el fotógrafo hace 83 años para obtener la fotografía de 1936. Por otro lado, debemos de reconocer que el mayor de los cambios es el del frontón Labrit, inaugurado en 1952 junto al viejo Jito-Alai. El actual gobierno municipal acaba de saldar la deuda centenaria que la ciudad tenía con Catalina de Navarra, al poner su nombre a una de las grandes avenidas de la ciudad. Fue Catalina una mujer enérgica, culta e inteligente, que quiso vivir y morir en Pamplona, y que en su testamento dejó escrito que quería ser enterrada en Iruñea. La invasión de 1512 impidió ese sueño, y fue mandada de por vida al exilio por un ejército. Ahora la derecha dice que si vuelve al Ayuntamiento quitará el título de la calle a Catalina de Navarra y se lo dará… al mismo ejército.


Cuesta de Labrit desde el paseo de Hemingway, 1930


EN 1930- Los ritmos de la vida pamplonesa iban marcados, salvo muy contadas excepciones, por asuntos menudos y de cariz religioso. Los periódicos de finales de abril, concretamente, se entretenían con cosas como la llegada del ángel de Aralar a Iruñea, el comienzo de los viáticos generales en las parroquias o la celebración de un mitin sobre enseñanza a cargo de las Juventudes Católicas de España. Terrorífico de verdad.

En aquel tiempo la cuesta de Labrit era una zona en plena reordenación. Hacía ya más de una década que se habían derribado las murallas de este sector, pero la calle todavía no había alcanzado su configuración definitiva. El final de la cuesta está ocupado por las traseras del teatro Gayarre, y entre los árboles se adivina la aguja de la iglesia de San Ignacio. En primer plano vemos la rampa de bajada a la calle, y vemos que enfrente se había construido otra rampa gemela, que hoy no existe.

HOY EN DÍA- La zona permanece perfectamente reconocible pese a que, como ya hemos dicho, falta la rampa simétrica que existía aquí hace ahora 89 años. También permanecen en su sitio y reconocibles muchas de las casas que conformaban esta calle en 1930, pero la verdad es que la perspectiva actual está dominada por el espectacular arbolado, que llena y da carácter a la calle. Hacia la izquierda adivinamos que el paseo de Hemingway es básicamente un aparcamiento de coches, y uno no puede dejar de pensar que, tanto el escritor americano como el propio paseo, merecerían un destino algo más humano y amable.


Hotel Quintana en la Plaza del Castillo, 1900


EN 1900, la Plaza del Castillo no solo era el cuarto de estar de la ciudad, sino que era además el único lugar que albergaba locales, hoteles y cafés fundamentalmente, que tuvieran cierto aire urbano y cosmopolita. El ángulo SE de la plaza, concretamente, estaba ocupado por dos castizos hoteles, el hotel del Norte, cuyo cartel adivinamos hacia la izquierda, y el famoso hotel Quintana. Este establecimiento había sido fundado por Ignacio Quintana Barreneche, y tras su muerte estuvo regentado por su hijo Juanito Quintana Urra (1891-1974), personaje célebre, gran entendido taurino y apoderado de toreros.

La fotografía muestra a dos diligencias paradas ante los hoteles, lugar donde previsiblemente han desembarcado a sus ocupantes. Tres niños posan abiertamente ante el fotógrafo, mientras que varios operarios se afanan en sus tareas y un grupito de personas charla hacia la izquierda.

HOY EN DÍA, el lugar permanece perfectamente reconocible, aunque en realidad las cosas han cambiado… y mucho además. El hotel Quintana alcanzó cierto renombre antes de la Guerra Civil, porque en este lugar era donde realmente se hospedaba Ernest Hemingway en sus visitas sanfermineras a Pamplona. De hecho su dueño, Juanito Quintana, se convirtió probablemente en el mejor amigo pamplonés del escritor. Con el advenimiento del golpe de 1936 Juanito tuvo que exiliarse, y su hotel fue clausurado y confiscado. Quintana volvería años más tarde del exilio, e ingresaría muy enfermo ya en la Casa de Misericordia, donde murió en 1974.

En cuanto al edificio, es un curioso ejemplo de arquitectura modernista, y en su recientísima rehabilitación han aparecido los restos de un torreón medieval, perteneciente al más antiguo de los castillos de esta plaza, ni más ni menos que el que le dio su nombre.


Avenida de Catalina de Foix, 1971

EN 1971 y como es bien conocido, la actual avenida de Catalina de Foix recibía el nombre de avenida del Ejército. El título le había sido otorgado por el ayuntamiento franquista en 1963, y en 1966, al tiempo de obtener esta fotografía, se había llevado a cabo una inauguración simbólica, siendo alcalde Juan Miguel Arrieta Valentín. Y lo cierto es que, para poder disponer de unos terrenos que le habían pertenecido desde siempre, la ciudad tuvo que pagar al Ejército 181 millones de pesetas. La fotografía se obtuvo el 26 de septiembre de aquel año, justamente cuando se estaba procediendo al rellenado de los fosos, aunque la nueva vía no sería abierta al tráfico hasta mayo del año siguiente. Puede verse que las murallas renacentistas se han quebrado para abrir la calle, y que las primeras casas de la nueva avenida han sido ya levantadas. Hacia la derecha, una valla publicitaria de gran tamaño canta las alabanzas de la tónica Schweppes.

HOY EN DÍA, la calle inaugurada en 1966 lleva el nombre de Catalina de Foix, Catalina de Navarra, la reina depositaria de los derechos dinásticos de sus antepasados los reyes de Navarra cuando la invasión de 1512. Fue una mujer valerosa y enérgica, madre y abuela de reinas inteligentes y cultas, y la última monarca de gobernó una Navarra independiente desde su capital, Pamplona. En su testamento dejó escrito que quería ser enterrada en la catedral de Iruñea, pero descansa aún en la iglesia de Lescar (Bearne), y la ciudad en la que parió a 6 de sus 14 hijos tenía sin duda una profunda deuda con ella. Vemos el aspecto actual de la avenida, que constituye hoy una de las principales arterias de la Pamplona moderna. En el solar donde en 1971 había un grupito de árboles se levantó en 1976 el Edificio Singular. Tras él podemos ver el bloque de viviendas que veíamos en la foto de 1976, y que certifica la exacta correspondencia de ambas imágenes

Campo de Osasuna en San Juan, 1956

En 1956 el viejo El Sadar no existía aún ni en proyecto, y los partidos de Osasuna se jugaban en el campo de San Juan, cuya fachada principal, aunque parezca mentira, se encontraba en el cruce exacto de las actuales calles de Monasterio de Urdax y avenida de Barañáin. La prensa de finales de marzo de aquel año estaba entusiasmada con Osasuna. El equipo navarro marchaba líder en la clasificación, y venía además de ganar en Gijón al Sporting, en lo que se consideraba un gran paso para el ascenso a Primera. Y aquella tarde del domingo 25 de marzo afrontaban otra final anticipada en el campo de San Juan, esta vez ante el Tarrasa. Oviedo y Zaragoza, los otros gallitos de la categoría, acechaban a Osasuna y esperaban que tuviera un tropezón para asaltar su liderato. La lista anunciada alineaba a Eusebio, Egaña, González, Salvatierra, Marañón, Glaría II, Areta III, Recalde, Sabino, Glaría I y Uncilla. Un equipazo, vaya…

Hoy en día el estadio de El Sadar, que en 1956 no había aún nacido, se nos ha convertido en un anciano prematuro al que pronto se va a practicar un rejuvenecedor lifting. En cuanto a su antecesor, el campo de San Juan, fue derribado en noviembre de 1969, y de él no queda casi ni el recuerdo. En cuanto al partido de 1956, qué quieren que les diga. Osasuna empezó jugando mal, llegando a ponerse 0-2 en el marcador, y fallando además un penalti. No obstante, en una espectacular remontada, los navarros consiguieron meter 3 goles (el último muy cerca ya del final), ganando 3-2 y conservando el liderato. Por cierto, Osasuna aquel año consiguió terminar primero en la clasificación y subió a Primera, donde en la siguiente temporada quedó sexto. Y si, viendo los paralelismos de aquella liga y esta, alguien me preguntara si creo que esto es un buen augurio, le respondería sin dudarlo ni un momento que… por supuesto. ¡Aupa Osasuna…!


Feria de ganado en Conde Oliveto, 1964


EN 1964 la tradicional feria de ganado de San Fermín se celebró en la Vuelta del Castillo. Patasqueando en la prensa de la época he podido saber además que se llevó a cabo durante los días 9 y 10 de julio, y que terminó con un vistoso desfile de reses, momento al que sin duda corresponde la fotografía publicada por J.J. Arazuri. Para obtenerla, el fotógrafo se situó justamente enfrente de la estación de autobuses, cuya fachada no aparece por muy poco a la derecha de la foto, y vemos de paso que en aquel tiempo la calle terminaba abruptamente al toparse con los antiguos cuarteles militares. Parece ser que para tratarse del mes de julio el día había salido bastante fresco, puesto que la mayor parte de la gente va en manga larga, e incluso no faltan chaquetas y americanas. Llama también la atención, al menos para quien no haya visto fotografías de los Sanfermines de la época, la escasa presencia de gente vestida de blanco y rojo.

HOY EN DÍA, la zona fotografiada en 1964 ha sufrido una radical transformación, y podemos decir que no hay elementos que hayan sobrevivido a los 55 años transcurridos. Los cuarteles fueron derribados a fines de los años 60, y en su lugar se abrió la avenida del Ejército, hoy dedicada a Catalina de Navarra, gran mujer y gran reina. En 1987 se inauguró en este lugar la plaza de la Paz, que incorpora dos columnas con la palabra paz escrita en 8 idiomas, una serie de farolas con forma de txistu, y dos grandes esculturas de Rafael Bartolozzi, que son los elementos más interesantes, si no los únicos, del conjunto. Por cierto que, según los periódicos de la época, el txupinazo de 1964 fue lanzado por Manuel Fraga Iribarne, ministro de Información y Turismo de Francisco Franco, antes de convertirse en demócrata de toda la vida y destacado miembro del Partido Popular. Y es que, como dijo aquél,grandes cosas veredes, amigo Sancho…


Jura de bandera en la Plaza del Castillo, 10 de marzo de 1918

EN 1918, la realización del servicio militar obligatorio no era cosa de broma. Por aquellos días media Europa destrozaba a la otra media en lo que terminaría por llamarse Primera Guerra Mundial, y aunque España permanecía neutral en aquel tiempo, no era seguro lo que pudiera pasar a futuro. Por otro lado, la mili tenía en aquella época una duración de 3 años, y era un terrible e interminable secuestro legal a cargo del Estado, en el transcurso del cual podían ocurrirte muchas cosas, casi todas malas. La fotografía muestra un momento de la jura de bandera, ceremonia por la cual los reclutas novatos pasaban a ser considerados soldados propiamente dichos. En una escenografía muy evidente, los jovencísimos reclutas que vemos a la izquierda besan la bandera en presencia de un religioso y un mando militar, mientras que a la derecha forman los soldados veteranos que, según se suponía, tenían que servir como modelo a los novatos.

HOY EN DÍA, la zona de la plaza donde se obtuvo la fotografía de 1918 permanece perfectamente reconocible, aunque afortunadamente este tipo de actos están ya desterrados del ceremonial urbano de Iruñea. Mejor así. El domingo pasado se cumplieron 101 años de aquella jura de bandera, y el acto viene descrito en la prensa del día siguiente, lunes 11 de marzo de 1918. Así sabemos que aquel domingo hizo un día espléndido, y que para las 11 de la mañana ya estaban las tropas formadas en la plaza. Al acto asistió el mismísimo obispo, que presidió la misa, y en la calle formaban incluso los niños de las Escuelas Municipales, para que fueran tomando nota, se supone… Remató el acto un desfile presidido por el “bizarro general” (sic) Alfonso Gómez, que terminó con los soldaditos en los cuarteles, “donde se les obsequió con un rancho extraordinario”. Este era el ambiente en la Iruñea de 1918. Hasta aquí llega el olor a naftalina, oigan…


Calle (camino) de Errotazar, 1967

EN 1967, los periódicos traían en sus portadas inquietantes noticias sobre la denominada Guerra Fría. Concretamente el día en el que esta foto fue obtenida, el 8 de febrero de 1967, se informaba profusamente de la denominada Tregua del Año Lunar declarada en Vietnam, mientras que se daba cuenta también de que en China miles de manifestantes estaban asediando la embajada soviética. El Pensamiento Navarro, en su portada, informaba además del enésimo triunfo del boxeador Cassius Clay, que acababa de fulminar a Ernie Terrell, y de que en Tolosa un toro ensogado había entrado en una droguería, atravesándola hasta salir por la puerta trasera. Un desastre, vaya.

La foto de aquel día nos muestra una calle Errotazar (entonces aún llamada camino de Errotazar) todavía sin urbanizar. Vemos hacia el centro las rampas de acceso al convento de San Pedro y al fondo la Rochapea, bajo la silueta del monte Ezkaba-San Cristóbal.

HOY EN DÍA, el camino de Errotazar tiene categoría de calle, otorgada en 1931, y su fisonomía ha cambiado muchísimo. Eso sí, podemos ver aún las rampas de acceso al monasterio de San Pedro, que junto al perfil del monte Ezkaba-San Cristóbal certifican la exacta correspondencia de ambas fotografías.

En cuanto a las noticias de 1967, la tregua iniciada entonces en la guerra de Vietnam no tuvo mucho recorrido, y el conflicto se prolongó 8 años más, hasta 1975. Chinos y soviéticos prosiguieron con sus algaradas, aunque la sangre no llegó al río, y Cassius Clay consiguió alargar su brillante trayectoria algunos años más. Por cierto que, según cuentan, Clay, que por entonces se hacía llamar ya Muhammad Ali, estaba muy enfadado porque Ernie Terrell persistía en llamarle “por su nombre de esclavo”, y durante los 15 asaltos del combate estuvo espetándole “¿cómo me llamo?”, mientras le atizaba de lo lindo. Vaya desfase…


El viático en la calle Descalzos, 1925

EN 1925, y concretamente en la fecha en que se obtuvo la fotografía, el 21 de abril, la prensa local destacaba con grandes titulares la reciente concesión del capelo cardenalicio al pamplonés Eustaquio Ilundain Esteban, futuro Cardenal Ilundain, que se había producido el 30 de marzo y que por aquellos días se hacía efectiva. La fotografía muestra una escena relativamente frecuente en la Pamplona de la época, la del viático recorriendo las calles. El viático era una suerte de procesión que marchaba desde las parroquias hasta las casas de los moribundos, al objeto de administrarles la última comunión. En la imagen vemos a varias personas que portan hachas (grandes velas), y al sacerdote encargado de administrar el sacramento, en el momento de salir del portal del enfermo. Dos monaguillos han salido antes del portal, y toman ya camino a la parroquia de San Lorenzo, sorprendiéndose por la presencia del fotógrafo.

HOY EN DÍA, los viáticos ya no recorren las calles de Pamplona, y la vista de aquellas escenas resulta un tanto extraña desde la perspectiva actual. Todo ello pone en valor, más aún si cabe, el trabajo de fotógrafos como Galle, puesto que documentan usos y costumbres perdidas o a punto de perderse. Respecto al paisaje urbano de 1925, podemos ver al fondo la fuente de Descalzos, que certifica la exacta correspondencia entre ambas imágenes. Esta fuente había sido instalada en 1856 en la plazuela situada en la trasera del Ayuntamiento, pero en 1877 se trasladó a este lugar, donde aún permanece. En otro orden de cosas, si el difunto de 1925 se levantara de su tumba y quisiera volver a su casa, se encontraría que ya no existe. En su lugar se ubicó una infraestructura de gran éxito hoy en día, el ascensor de Descalzos. Eso sí, es una pena que este se instalara en un edificio extemporáneo, que chirría de forma evidente con el entorno.


Convento de las Adoratrices, 1904


EN 1904. El convento de las Adoratrices de Pamplona estaba de enhorabuena, puesto que importantes reformas se habían llevado a cabo en su interior, incluyendo la construcción de una nueva capilla en estilo neogótico. El edificio había sido construido bastante antes, en 1846, obra de Serafín Villanueva, y fue residencia de la pamplonesa familia Corti. En 1877, la orden de las Madres Adoratrices llegaba a Pamplona, y tras instalarse durante breve tiempo en un edificio de la calle Redín, el 13 de junio de aquel mismo año se trasladaban a este caserón, donde abrieron una residencia para albergar a lo que entonces solía llamarse “mujeres descarriadas”. La fotografía de 1904 muestra la situación en la que se encontraba el edificio por aquel entonces, y puede comprobarse que tenía aún el aspecto adusto y cerrado de un convento. Ante él posa una mujer que lleva un bolso o cesta, y tres niñas vestidas con batas de uniforme.

HOY EN DÍA, el paisaje urbano de 1904 y el propio edificio permanecen perfectamente reconocibles, a pesar de que las cosas han cambiado bastante en su interior. Hace pocos años que el viejo caserón de los Corti, convertido luego en convento, fue enteramente transformado para albergar un moderno hotel. Como puede verse, la fachada se rasgó en su planta baja para albergar una suerte de elegante pórtico o loggia, dejando tan solo algunos machones en piedra a modo de pilares. En el interior, la capilla neogótica se transformó en restaurante, y con su color blanco inmaculado parece que en cualquier momento fuera a aparecer Morgan Freeman a desayunar, interpretando al mismísimo Jaungoikoa. Una preciosidad. Y es que lo aquí realizado demuestra que la instalación de nuevas dotaciones e infraestructuras en el casco histórico no tiene por qué suponer el derribo de lo precedente ni terminar con edificios extemporáneos y estridentes.


Arco del Triunfo en la calle Chapitela, 1902

EN 1902- Los pilares de la sencilla y monótona vida social de Pamplona se sacudían por un hecho de gran trascendencia: el nuevo rey Alfonso XIII llegaba de visita a la ciudad. Había sido coronado el 17 de mayo, nada más cumplir los 16 años, y en agosto giraba una visita por las siempre revoltosas ciudades del norte, para recabar el fervor popular con la imagen de un nuevo y joven rey.

La foto muestra la embocadura de la calle Chapitela desde la plaza del Castillo. En el lugar se ha erigido un arco triunfal, y ante él posa un niño bien, vestido de marinero. Inmediatamente detrás, donde estuvo la paragüería de Archanco, vemos a dos hombres conversando, uno de ellos vestido con chaleco, y dos hombres de traje oscuro que acaban de cruzarse. Apoyado en el arco un mocete, vestido con blusa proletaria y txapela, mira al fotógrafo a prudente distancia. Y es que, en aquella época, las bofetadas llovían por cualquier motivo…

HOY EN DÍA- La misma zona fotografiada en 1902 permanece perfectamente reconocible, con la evidente diferencia de la falta del arco triunfal. Estos mamotretos, construidos generalmente en madera pintada, solían levantarse para celebrar grandes acontecimientos. En el caso de Pamplona, hemos visto arquitecturas efímeras de este tipo dedicadas a reyes y reinas, así como a uno de sus más ilustres hijos, el violinista Pablo Sarasate.

En cuanto a la visita del joven rey en 1902, sabemos que se alojó en el hotel La Perla, que vemos parcialmente a la derecha de la foto, pero no trajo durante su vida muchas más alegrías a esta tierra. Embarcó al país en una guerra en África, que la gente ni entendía ni compartía, y que sumió al país en la miseria. Aceptó sin pestañear la dictadura de Primo de Rivera, y en 1931 el pueblo ciudadano lo mandó al rincón de pensar, tras unas elecciones que trajeron consigo el advenimiento de la República.


Fachada de la Casa Consistorial en obras, 1952

EN 1952, la clase política del Movimiento estaba furiosa contra de los EEUU, y la prensa del Régimen zurraba de lo lindo al presidente Harry S. Truman el 10 de febrero por haber puesto en duda el respeto que en la España de Franco se tenía hacia algunas libertades elementales, como eran la libertad religiosa y la de expresión. Diario de Navarra, en concreto, repartía buena parte de su primera página entre dicha polémica y otra noticia de alcance interestelar: la publicación de la Santa Bula de Cruzada a cargo de los “clarines y los juglares” (sic) del Ayuntamiento.

La foto de aquel año muestra las obras que se estaban realizando en el Ayuntamiento. Vemos la fachada diseñada por José Zay Lorda en 1752, que era la única parte del edificio que no iba a ser derribada con motivo de las reformas. Ante ella se ve a un policía municipal, a siete hombres vestidos con gabardinas largas y a dos mujeres jóvenes con trajes oscuros.

HOY EN DÍA, la Casa Consistorial continúa tal y como se reedificó en las obras de 1952, y lo cierto es que hoy en día acusa ya los mismos achaques y las mismas estrecheces que llevaron a su total reforma hace tan solo 67 años. En otro orden de cosas, y si lanzamos una rápida mirada a la plaza, vemos que la casa de la derecha sigue prácticamente igual, con sus elegantes miradores de madera, pero en cambio podemos apreciar que hacia el fondo se ha derribado un bloque de casas de las de 1952, para abrir en su lugar la actual plaza de los Burgos.


Obras en la Plaza del Castillo, 1958

EN 1958,el día 3 de febrero cayó en domingo, al igual que hoy, y la prensa recogía la noticia de la festividad de San Blas, en la que se habían vendido numerosos roscos, “rosquillas nevadas”, dulces y “tortas de chanchigor”, y se dejaba caer que Osasuna le había endosado 5 golazos al Oviedo. Olé. Se relataba también la toma de posesión del nuevo alcalde de Iruñea, Miguel Javier Urmeneta, que accedía al cargo por fallecimiento del anterior, Javier Pueyo. Y no se escatimaban elogios hacia el difunto, al que se calificaba, entre otras muchas cosas, como “hombre del Movimiento”. Corría el año 1958, qué quieren ustedes… La foto de aquel año recoge una imagen de la plaza del Castillo desde las proximidades de la calle Chapitela. Se pueden ver las sillas de alguna terraza que, a buen seguro, no gozaría de mucha afluencia aquellos días, debido a las obras de reforma del pavimento, que dejaban la plaza prácticamente intransitable.

HOY EN DÍA,la zona fotografiada en 1958 permanece perfectamente reconocible, a pesar de que en los 61 años transcurridos la plaza ha sufrido obras y reformas importantes… y no siempre acertadas. Dejémoslo ahí. Por cierto que, entre los asistentes a la ceremonia de toma de posesión del alcalde Urmeneta en 1958, figura Manuel Asirón Irigaray, que era hermano de mi abuelo, y que por aquellos años fue también concejal en Pamplona. No puedo dejar de preguntarme qué hubiera pensado si le hubieran dicho que, unas décadas después, la alcaldía de la ciudad iba a estar ocupada por un sobrino-nieto suyo perteneciente a Bildu… (pueden poner aquí ustedes el emoticono que prefieran). En otro orden de cosas, diremos que también hoy se celebrará San Blas, sin duda con la misma animación que en 1958, y que también jugará Osasuna un trascendental partido, contra el Granada. Un 5-0 no estaría mal, pero tampoco haríamos ascos a un 1-0… ¿no?

Cruce de Paulino Caballero con Baja Navarra, hacia 1935

HACIA 1935, la actual avenida de la Baja Navarra llevaba el nombre de Fermín Galán y Ángel García Hernández, dos militares republicanos de la guarnición de Jaca que protagonizaron una sublevación en contra de la monarquía el 12 de diciembre de 1931. El motín fracasó y ambos fueron fusilados, de forma inmediata, el 14 de diciembre. La foto muestra la avenida en primerísimo plano, en el punto en el que se cruza con la calle de Paulino Caballero. Un niño se ha acercado por curiosidad hasta el centro de la calzada para ver las evoluciones del fotógrafo. Detrás vemos la calle en perspectiva, que en este tramo se iniciaba con dos casas en chaflán. La de la izquierda albergaba un garaje cuyo letrero puede aún adivinarse, mientras que en la derecha se encontraba la panadería de Equiza, que no sale por muy poco en el plano. Al fondo, cerrando la perspectiva, se ve la iglesia de San Ignacio y el pino de Diputación.

HOY EN DÍAeste punto se ha convertido en un lugar con muchísimo tráfico, de suerte que el fotógrafo debe esperar paciente a que pasen los coches, y la maniobra de aproximación del niño de 1935 adquiriría hoy tintes dramáticos. Podemos comprobar que la mayoría de los edificios han sido sustituidos, y por ello debemos felicitarnos de que la primera casa de la izquierda haya sobrevivido a los 84 años transcurridos. También está en su sitio el pino” de Diputación, cuya copa vemos asomar al fondo. En cuanto a la avenida de Galán y García Hernández, sorprende comprobar cuántas veces ha cambiado de nombre. Entre 1923 y 1927 llevó el título de avenida de Francia, y posteriormente se llamó de Alfonso XII. Durante la República se dedicó a los dos militares fusilados, y entre 1936 y 1979 llevó el nombre del General Franco. Hoy, felizmente, va dedicada a nuestra irrenunciable Sexta Merindad. Por muchos años…

Calle Aralar, 1934

EN 1934,el tramo inicial de la calle Aralar iba ocupado por una serie de casitas bajas, edificadas según el estilo del país, que estaban ocupadas por diversas instalaciones municipales: el Parque de Desinfección, la Perrera Municipal y el Garaje de Carruajes Municipales, cuyo letrero se alcanza a ver en primer término, y que era en realidad el lugar donde se custodiaban los coches mortuorios. Estas casitas, levantadas en el año 1922, serían demolidas en 1958 para construir, en ese mismo lugar, el Parque de Bomberos, que nuestros más veteranos lectores recordarán perfectamente.

La fotografía permite ver la calle en perspectiva, con la tapia que da a las instalaciones de la plaza de toros a la izquierda.

Al fondo puede adivinarse la barandilla que se asoma a la Cuesta de Labrit, con las casitas de dicha calle al fondo y las torres de la catedral asomando descollantes por encima.

HOY EN DÍA,la zona permanece reconocible merced a la tapia de la izquierda, que da a los toriles y al patio de caballos de la plaza de toros. Al fondo podemos ver que las casas de la cuesta de Labrit han sido notablemente recrecidas, y los árboles nos impiden ver las torres de la catedral asomando por encima.

En cuanto al Parque de Bomberos levantado en 1958 en el lugar donde estuvieron las casitas municipales, fue a su vez derribado en el año 2010, y hoy va ocupado por un jardín. Fue precisamente en dicho lugar donde, en los años de las obras faraónicas y los grandes fastos pre-crisis, los gobiernos municipales de UPN quisieron situar la enésima versión de su Museo de los Sanfermines. Todo aquel gigantesco despropósito tan solo serviría para despilfarrar, según diversas fuentes, 6,3 millones de euros. Más de 6 millones a la basura, en una ciudad cuyo presupuesto ronda los 200. ¡Qué bien nos vendrían ahora…!

Calle de la Dormitalería, 1931

EN 1931, las aguas políticas bajaban revueltas, puesto que el día 14 de febrero había dimitido el general Dámaso Berenguer como jefe del Gobierno, dando paso a las elecciones y al consiguiente advenimiento de la República, el 14 de abril. En otro orden de cosas, aquel mismo año, el 22 de enero, se había inaugurado el servicio telefónico en España, todo un avance, aunque tampoco era como para sacar pecho, puesto que tan solo un mes después, el 12 de febrero, se produciría en Japón la primera retransmisión televisiva de un evento deportivo, concretamente un partido de béisbol. En aquella época la de Dormitalería era una calle algo “periférica” del caso urbano de la ciudad, a pesar de encontrarse en el corazón mismo de la vieja Pompaelo. Tenía un perfil algo irregular en su trazado, como puede apreciarse, y la mayoría de las casas, que conservaban cierto aire arcaico y rural, tenían dos o tres alturas a lo sumo.

HOY EN DÍA- La calle de la Dormitalería sigue conservando algo de aquel aire periférico y proletario dentro del casco antiguo de la ciudad. Su nombre, registrado por primera vez en fecha ya tardía, concretamente en 1802, provenía del dormitalero, que era el canónigo encargado de cerrar las puertas de las dependencias catedralicias, y cuya casa se encontraba en el número 5 de la calle.

Comparando ambas fotografías puede apreciarse que las casitas de la acera derecha han desaparecido, dando lugar a dependencias eclesiásticas construidas en un estilo algo extemporáneo. Las de la izquierda se conservan más o menos, aunque han sido profundamente renovadas y han ganado altura. A modo de balance, podemos concluir que, con la modernización de sus inmuebles, la calle resulta más fría y con menos vida, y que ha perdido aquel aire arcaico y rural. Para semejante viaje no hacían falta alforjas… ¿no?

El tranvía pasando ante Diputación, 1915


EN 1915- La actualidad internacional de finales de año estaba marcada por la marcha de la Primera Guerra Mundial. El periódico del día 23 de diciembre señalaba, concretamente, que los británicos iniciaban algunos repliegues en Galípoli, en el frente turco, por supuesto sin admitir derrota alguna, y que un buque francés había sido torpedeado por dos submarinos alemanes cerca de Tortosa. En un ámbito más local, se informaba de que la lotería había pasado de largo en Iruñea, aunque en Fitero habían caído 90.000 pesetas. Un pastón.

La fotografía de aquel año recoge la fachada del Palacio de Navarra, entonces llamado de Diputación, en el momento en el que el tranvía pasa ante él y entra en la Plaza del Castillo. Un hombre flaco y con txapela invade el plano en el momento de la foto, causando seguramente el disgusto del fotógrafo, y quedando automáticamente inmortalizado.

HOY EN DÍA- El paisaje urbano de 1915 se conserva inamovible en lo esencial, y son aspectos como los elementos de urbanización y el mobiliario público los que marcan la diferencia y los 103 años transcurridos entre ambas fotografías. Vemos en su sitio tanto casa Baleztena como el palacio de Navarra, que en la actualidad es objeto de algunas obras de reforma, y por el hueco situado entre ambos edificios adivinamos la Plaza del Castillo y el hotel La Perla. En el lugar por donde en 1915 transitaba el tranvía se ven hoy unos pocos coches aparcados.

Automóvil en la Plaza del Castillo, hacia 1920

EN 1920 ver un automóvil en la Plaza del Castillo no era algo raro, de hecho circulaban vehículos por Iruñea desde principios de siglo, pero ello no quiere decir que disfrutar de uno de ellos fuera lo más habitual. De ahí, seguramente, el interés del fotógrafo por la instantánea que hoy reproducimos.

La imagen, obtenida en un día soleado, muestra un vehículo aparcado en el costado sur de la plaza, probablemente ante el antiguo teatro Gayarre que, como bien saben nuestros lectores, en su momento se levantó en este punto. Una señora encopetada, sin duda perteneciente a la élite económica local, sube al coche asistida por un hombre de uniforme, probablemente el propio conductor. La fotografía tiene un toque de espontánea fugacidad, incrementada por los personajes que invaden el plano, especialmente una señora con paraguas (o sombrilla) cuya silueta vemos a la izquierda, y un joven tocado con gorra que entra desde la derecha.

HOY EN DÍA tan solo una observación minuciosa permite identificar la zona fotografiada en 1920. La imagen antigua no mostraba muchos detalles apreciables, y además algunas casas han experimentado transformaciones profundas en el siglo transcurrido.

En otro orden de cosas diremos que, salvo los de carga y descarga o los de limpieza, no es frecuente ver vehículos en la plaza, aunque ello no suponga una satisfacción completa. Y es que hace ya casi dos décadas el gobierno municipal de UPN ordenó destripar el subsuelo de la plaza, expoliando y arrasando totalmente su patrimonio arqueológico, para inyectarle luego un relleno de hormigón. El objetivo no era otro que construir un aparcamiento en el corazón mismo de la ciudad, algo que chocaba frontalmente con lo que se estaba llevando a cabo en toda Europa, y que comprometería la peatonalización del centro durante generaciones. Un desastre que nunca podremos olvidar.

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