“Hay involucrados en violaciones de DDHH en Guatemala que ahora son políticos y diputados”

Lucrecia Hernández Mack Médica, exministra de Salud de Guatemala y especialista en sistemas de salud

Es la primera mujer que ha sido ministra de Salud en Guatemala. Fue invitada por Medicus Mundi a participar en las jornadas internacionales sobre sistemas de salud, para contar cómo fue la implantación del Modelo Incluyente en Salud en Guatemala. Este programa es apoyado desde hace años por la ONG y por el Gobierno de Navarra

El panorama de la sanidad pública en Guatemala es, lamentablemente, desolador. Un desabastecimiento generalizado, precariedad, corrupción, inseguridad, falta de acceso…

-Nunca tuvimos un Estado social, sino uno contrainsurgente que nunca desarrolló una red de servicios pública, por lo que llevamos un retraso de más de 40 años. Solo un 17% de la población está atendido por el Seguro Social, y los centros de salud únicamente cubren a 6,5 millones de personas (actualmente, estiman que hay más de 15 millones de habitantes en el país). El Ministerio de Salud tenía problemas de abastecimiento, de no poder atender la demanda y encima, sufría una depredación total, por la corrupción política de los últimos años, especialmente del PP (Partido Patriota). En 2015, el presidente, la vicepresidenta y muchos de sus funcionarios fueron ligados a procesos de corrupción, así como altos cargos del Seguro Social. Para cuando nuestro equipo entró (en el Gobierno) en 2016, el Ministerio se encontraba en una de sus peores crisis.

¿Cómo fue la entrada al Gobierno?

-A un equipo de salubristas, en el que me incluyo, se le pidió que asumiese el Ministerio de Salud en julio de 2016. Lo principal fue reabastecer los servicios y empezar a tomar medidas para solucionar los problemas estructurales. Nosotros ya teníamos un plan. Parte importante de este es el Modelo Incluyente en Salud (MIS), que se venía formulando desde finales de los 90 y se estaba llevando a cabo con resultados importantes. Este programa ha tenido reconocimientos internacionales, otorgados a Medicus Mundi por apoyar estos proyectos en Guatemala, Bolivia y Perú, como el Sasakawa de la OMS en 2016. En Guatemala, funcionaba en 140 puestos de salud, gracias a los jefes de área de Salud locales, pero no era política nacional. Empezamos la implementación en siete departamentos (es su división territorial, como nuestras CCAA) en 2017. El plan era terminar de cubrir todo el país (son 22 departamentos en total) en 2018-2019. Lamentablemente, en agosto de 2017, entramos en serias contradicciones éticas con el presidente Jimmy Morales al declarar non grato al responsable de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (entidad encargada de investigar casos de corrupción), Iván Velázquez. Nosotros lo consideramos una obstaculización de la justicia y un abuso de autoridad y presentamos nuestra renuncia. Ahora, seguimos apoyando con Medicus Mundi la transferencia técnica del MIS a los espacios donde ya estaba y avanzar en un modelo que fortalezca toda la red sanitaria.

Pero el nuevo ministro de Salud dijo que el MIS no continuará.

-De las primeras decisiones que tomó es que no va a continuar a nivel nacional, pero los liderazgos a nivel local se mantienen, así como el apoyo de organizaciones para que continúe.

Hace falta un paso más, ¿no?

-Hace falta un plan de Gobierno. Aún donde tengamos lugares en los que se reduzcan las muertes maternas o la mortalidad infantil, hay que hacer un trabajo intersectorial, político, económico… con la implicación de las municipalidades y los ministerios. Hasta ahora, toman un problema que es estructural y económico y lo convierten en un problema biológico e individual.

¿Cuáles son las perspectivas?

-El Gobierno está en modo supervivencia. Veo difícil que implemente políticas de transformación, ni en lo económico ni en lo social. La esperanza la veo en las elecciones de 2019, donde habrá cambio legislativo y ejecutivo.

Y ahí entra el Movimiento Semilla, al que usted apoya.

-Este movimiento surge antes de las manifestaciones de 2015 (que pidieron la renuncia del Gobierno del PP), pero entonces queda claro que no se puede quedar en colectivos urbanos y hay que pasar a un movimiento organizativo mayor y decide convertirse en partido. Ahora está en el proceso, como comité, porque necesita 23.000 afiliados para constituirse, pero está sufriendo muchas dificultades y ataques.

Históricamente, en Guatemala los movimientos de izquierda, de reivindicación de la memoria, de defensa de los derechos humanos, han sido duramente atacados por las cúpulas político militares que se han sucedido en el poder. ¿Cuál es la situación actual?

-Ha habido un deterioro en las reivindicaciones históricas. Hay trolls en Internet, hay discursos de odio, y se ha generado una narrativa de antagonismo a la reivindicación de la memoria, hacia los procesos de justicia y contra los defensores de derechos humanos. En el Congreso se ha formulado una extensión del delito de terrorismo que, a la práctica, es como una Ley Mordaza. Hubo un boom con estos temas desde los Acuerdos de Paz (1991-1996) al juicio por genocidio (al ex general Ríos Montt) de 2013 y en 2015, con la caída del Gobierno del PP, supuso otro escalón más. Pero ahora se ha venido abajo y más con la decisión del presidente Morales de nombrar non grata a la CICIG, porque logró que se envalentonasen todos estos actores para empezar a atacar. Hay involucrados en violaciones de derechos humanos, en crimen organizado, que ahora son políticos y diputados.

EL MODELO INCLUYENTE EN SALUD
Un programa que analiza para transformar.

El modelo tiene como base conceptual el derecho a la salud, la pertinencia intercultural, la perspectiva de género y la relación holística con la naturaleza, y contempla una multiconcepción de la salud. Tradicionalmente, el primer nivel de atención sanitaria se veía como puerta de entrada a los servicios, en el MIS, es un punto de encuentro entre la comunidad y la institución.

Tiene tres programas, el individual, el familiar (implica trabajar con las familias para ver las condiciones de la vida, los riesgos y factores protectores) y el comunitario, trabajar con la organización local y respetar cómo funcionan.

Según datos de la Secretaria de Seguridad Alimentaria y Nutricional de Guatemala, el 46.5 por ciento de niños menores de 5 años sufre desnutrición crónica.

Además, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) estima que ocho de cada 10 niños del área rural del país la padecen. Esta misma entidad asegura que al menos tres millones de guatemaltecos no tienen acceso al agua potable, y unos seis millones carecen de servicios de saneamiento.

La tasa de mortalidad materna en 2015 fue 88 mujeres fallecidas durante el embarazo, parto y puerperio por 100,000 nacidos vivos. En España es de 5 (2015).
Las principales causas de muerte fueron la hemorragia, la hipertensión, la infección y el aborto.

LA ENTREVISTADA

Hernández, durante una entrevista tras participar invitada por Medicus Mundi en unas jornadas internacioneles sobre sistemas de Salud. Foto Javier Bergasa.

Es hija de la antropóloga Myrna Mack, asesinada en 1990 por su trabajo con las comunidades rurales afectadas por el conflicto armado. Fue acuchillada 27 veces por un comando especial del Estado Mayor Presidencial.

Tras una ardua lucha por hacer justicia, su hermana Helen, reconocida activista de los DDHH, logró que los militares responsables de su asesinato fueran llevados a juicio.

En noviembre del año 2003, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado de Guatemala por la ejecución extrajudicial de Myrna Mack, y este celebró en abril del 2004 una ceremonia en la que admitió su responsabilidad institucional y pidió perdón.

Helen Mack también creó la Fundación Myrna Mack, en 1993, desde la cual han entablado muchas batallas contra la impunidad y ha realizado jornadas a favor de la justicia, la participación ciudadana, la consolidación de la democracia y la paz.

Con todo este bagaje familiar, se entiende que Lucrecia Hernández Mack comience describiéndose como “una mujer guatemalteca profundamente marcada por la historia del país y la de mi familia”.

Se declara de izquierda y feminista. Pese a su formación en Salud, considera que “mi andar por el mundo es —principalmente— el de una ciudadana interesada en la transformación social de Guatemala”.

Escribe para el medio de investigación guatemalteco Plaza Pública.

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